MARATÓN DE VITORIA. 06 MAY 2018

CRÓNICA DE LA PARTICIPACIÓN DE NUESTRO CORREDOR MARIO EN EL XVI MARATÓN DE VITORIA.

Desde que en 2015 Celedón y Santa Clara se confabulasen para que los que corrimos el maratón aquel año conociésemos el lado más cálido de Vitoria tenía en el primer lugar de mi lista de tareas pendientes volver a la capital alavesa y ajustar cuentas con ellos. En 2016 y 2017 no pudo ser porque coincidía con el Mitin de Moratalaz, pero para 2018 surgió la posibilidad de llevar un globo y yo, que en el fondo soy como un niño, no pude resistirme.

En principio no debería suponer mucha dificultad, pues ya había llevado satisfactoriamente el 3:45 en Sevilla en febrero, pero había dos diferencias fundamentales: el perfil del recorrido, algo más exigente, y el menor número de participantes, lo que hacía bastante probable el ir cada vez más solo a partir del 25.

Con alguna que otra duda provocada por una sobrecarga en el femoral izquierdo, la mañana del cinco de mayo llegué a Vitoria. Brillaba el sol y apenas corría aire, haciéndome presagiar que pudieran repetirse las circunstancias de hace tres años. Después de dejar la maleta en el hotel fui en busca de Martín Fiz, quien tuvo a bien firmar una camiseta de la Fundación Almar que me había llevado a tal efecto, confirmando por enésima vez que es una persona accesible y encantadora aun tratándose de un campeón de Europa (Helsinki, 1994) y del Mundo (Gothenburg, 1995). De ahí a por el dorsal, atravesando Vitoria en diagonal, y a continuación a cargar hidratos por la almendra finalizando de forma casi obligatoria con una palmera de la confitería Goya.

A las 7:30 del domingo dejo hotel después de haber desayunado reglamentariamente y pongo rumbo a la salida, instalada este año en la parte trasera del Artium. Empiezan ya a verse corredores por la Virgen Blanca y la calle Postas. Aún no hay un gran ambiente pre-maratón, pero nada más llegar me encuentro con una fosfy a un Novatillo pegado y con una Novatilla que a última hora habían venido a participar con la camiseta amarilla de Aefat para dar visibilidad a la ataxia telangiectasia. Es instantes después, en el momento de recoger los globos, cuando soy consciente de que no me han asignado compañero y que voy a tener que asumir totalmente la responsabilidad de mi cometido. Un último intercambio de opiniones con mi “operadora de cámara” y al lío.

9:00, pistoletazo y puesta en marcha. Durante los dos primeros kilómetros voy tan concentrado en encontrar el ritmo y en no tropezarme con nadie que no llego a darme cuenta del tamaño del grupo que se me ha formado a la espalda. Es llegando al Boulevar de Salburua cuando ya se han ido abriendo huecos y formando los grupos de ritmo cuando empiezo a interactuar con los corredores que me acompañan. Todo apunta a que me ha tocado un grupo muy agradable.

Pasamos el centro comercial donde en 2015 me hicieron la foto que saliera publicada en El Correo y donde este año me hicieron otra para la edición digital del mismo, que he aprovechado como portada del video, y giramos a la izquierda en la rotonda de Arriaga poniendo rumbo de nuevo a la almendra que rodeamos por la calle Francia. Desde aquí hasta el Portal de Castilla se da mayor concentración de público y el ambiente es impresionante.

Por aquello de sacar 42 km en una ciudad tan pequeña, el recorrido hace un tramo de ida y vuelta por la avenida de Gasteiz hacia la plaza de la Constitución en el que ya se aprecia el impacto psicológico de encontrarte con los corredores que vuelven mientras tú vas. Aun así, hasta aquí todo va bien. Vamos clavando los parciales y reina el optimismo en el grupo.

Poco después del paso por el km 14 se separa el recorrido del maratón y de la media, por lo que el grupo se reduce a la tercera parte. De pronto el recorrido ya no es tan atractivo… ni tan llano, pero vamos cuidando unos de otros y la cohesión se mantiene. Pasamos el medio maratón en 1:52:02. Parece que hacerle caso a Pino e ir picando los kilómetros a la altura de la baliza en lugar de fiarse del gps funciona para mantener el ritmo con exactitud.

Volvemos hacia Ramón y Cajal por el Portal de Castilla, pasamos por delante del NH donde una representación de Aefat nos recibe con aplausos y enfilamos Corazonistas hacia el kilómetro 25 siendo conscientes de que a partir de aquí puede pasar cualquier cosa y de que nos espera la que va a ser la peor parte. Además, el calor se va haciendo cada vez más intenso y los cinco kilómetros que separan un avituallamiento del siguiente se hacen cada vez más largos.

Para cuando llegamos al kilómetro treinta el grupo está prácticamente deshecho, algunos valientes han decidido apretar y algunos se han visto en la obligación de bajar el pistón. Voy jugando al ratón y al gato con los que quedan conmigo para intentar hacérselo más llevadero. El Paseo de la Iliada se hace especialmente duro, pues se hace también de ida y vuelta, pero con una ligera pendiente hacia arriba que provoca que algunos se vayan quedando rezagados.

Camino al Buesa Arena, pasamos por el 35 y giramos a la izquierda por la Avenida del Cantábrico. Ya da igual el femoral, la deshidratación y las náuseas que me ha provocado un vaso de Aquarius que cogí por equivocación. Quedan siete kilómetros y nada de lo que ocurra va a estropear el momento. Escucho al speaker del 38 hacer referencia a que voy clavando el ritmo y de pronto se me pasa todo. En 22 minutos y medio todo habrá acabado.

Al poco de entrar en la calle Florida se encuentra el poste del kilómetro 41. Miro hacia atrás y me doy cuenta de que voy solo. Unos cientos de metros más adelante veo un cartel con una flecha que indica a la derecha y con mi nueva palabra favorita en euskara: Helmuga (meta). Enfilo la calle Dato para recorrer los últimos 400 metros entre aplausos y vítores del público.

Finalmente cruzo meta unos segundos por encima del tiempo convenido, pero satisfecho tanto por el trabajo realizado como por el resultado obtenido. En los minutos siguientes son varios los corredores que se acercan a agradecerme la ayuda e incluso a hacerse fotos conmigo. Le regalo el globo al hijo de uno de ellos y voy atravesando lentamente la Plaza de España y la de la Virgen Blanca para volver al hotel.

Y hasta aquí mi 12º maratón, el tercero de los últimos siete meses, el tercero que corro con 35 años. Cuando leáis esto ya habré cumplido 36 y tendré la mente puesta en el 13º, pero mientras tanto no quiero dejar de agradecer públicamente a Markel y a Aitor la oportunidad de haber vuelto a acariciar Vitoria con mis zapatillas; a los voluntarios que se jugaran el tipo regulando los cruces (la policía local se negó a hacerlo) a Pino el excepcional trabajo que está haciendo conmigo y, sobre todo, a Laura, porque si no me hubieses acompañado nada de esto habría sido posible.

Mila esker guztiak.

 

 

 

Deja un comentario