MARATÓN DE FRANKFURT

Os dejamos la crónica de la participación de MARIO  en la Maratón de Frankfurt. Al final de la misma os dejamos también un enlace para ver el vídeo resumen.

 

20x30-fffo532020x30-fffk5237CRÓNICA DE MI PARTICIPACIÓN EN EL 35º MARATÓN DE FRANKFURT

 

Hace poco menos de un año me quedé fuera del sorteo de dorsales para el maratón de Berlín. Durante los días siguientes estuve valorando la posibilidad de pagar un dorsal solidario o, incluso, un paquete turístico con el fin de poder participar. Fue entonces cuando Paco G me sugirió la posibilidad de correr en Frankfurt, pues se desarrollaba en fechas próximas y, al tener menor demanda de participantes, no solía haber problemas con las inscripciones.

Finalmente así lo hice. Una tarde de diciembre me inscribí, reservé hotel y busqué un vuelo; pero aún faltaban diez meses, por lo que no tenía sentido ponerse a entrenar al día siguiente. Con la intención de, por una vez en la vida, hacer las cosas de forma ordenada, establecí dos objetivos intermedios: el medio maratón de Madrid y su homólogo donostiarra.

Tras superar ambas pruebas con mayor éxito del pretendido, a principios de junio inicié la preparación específica para el maratón. Tenía por delante 21 semanas, la mayor parte de ellas en periodo estival, y un número incierto de kilómetros por recorrer, que finalmente resultaron sumar 1.580.

Con todos los deberes hechos, el día 29 Pilar y yo pusimos rumbo a Frankfurt. Después de un breve paso por el hotel, nos dirigimos al Festhalle, donde se hallaba ubicada la feria del corredor. Recogimos el dorsal, el chip y la pulsera de tiempos y aprovechamos para comer en la pasta party.

El hecho de que la noche del 29 al 30 se procediera al cambio de hora nos permitió dormir algo más y desayunar más relajadamente que en anteriores ocasiones. Al igual que hice en Valencia el año pasado, para evitar sorpresas desagradables, desayuné exactamente lo mismo que desayuno a diario e inmediatamente después nos pusimos en camino.

Dejar la bolsa en el guardarropa fue una operación inusualmente ágil, pero supuso que perdiese a Pilar y ya no la encontrase. A falta de 30 minutos decidí abandonar la búsqueda y dirigirme a mi cajón.

A las 10:00 sonó el disparo de salida y la gente se puso en marcha. Según mi plan, debía mantenerme en un ritmo estable de 4´35´´/km hasta el kilómetro 36 para entrar en meta entre 3:13 y 3:15. El primer inconveniente que encontré fue que la gran cantidad de inhibidores instalados en el barrio financiero volvían loco al Garmin, por lo que no resultaba una referencia fiable. Por otro lado, el astigmatismo no me permitía ver bien los números de la pulsera de tiempos. Ante esta situación, opté por guiarme única y exclusivamente por la frecuencia cardíaca. Pino me había dicho dos días antes que, en base a los test que habíamos realizado previamente, debía mantenerme en 158 pulsaciones hasta el kilómetro 30, y eso me propuse.

Durante los cuatro primeros kilómetros me encontré bastante tráfico, especialmente a la hora de adelantar al globo de 3:30 y al de 3:15. Esto me supuso un ligero incremento de la frecuencia cardíaca, pero que inmediatamente volvió a su ser. Inmediatamente después del primer avituallamiento se deshizo el tapón y, de ahí en adelante pude seguir un ritmo constante.

Fue al llegar al kilómetro 9 cuando me llevé la primera sorpresa. A mí me habían vendido el recorrido como algo totalmente plano y aquello picaba hacia arriba; terminando además en curva, de manera que no era posible anticipar si la cuesta medía 60 metros o 600. Resultó ser  relativamente corta y además, seguida de una suave y larga bajada que permitía recuperar fácilmente. Como ésta, me encontré dos o tres más a lo largo del recorrido.

Llegando al final del kilómetro 14 y coincidiendo con una señal que anunciaba un avituallamiento a doscientos metros voy abriendo el primero de los tres geles, previamente testados en el maratón de Sevilla, que consumo sin dificultad combinado con un poco de agua. Hasta aquí todo va bien, todo va rodado. Mi única preocupación es la posibilidad de ir quizá a un ritmo demasiado alto y que me acabe pasando factura.

Paso el medio maratón en 1:34:14. Dos minutos por debajo de lo que había planeado originalmente, pero me encuentro fresco y ligero. Es en este momento, atravesando las calles de un pequeño barrio periférico, cuando doy alcance a un corredor que llevaba la camiseta de la Federación Española de Atletismo. Nos saludamos y decidimos correr a la par unos kilómetros.

Justo a continuación la carrera transcurre junto a un polígono industrial donde, en una de las naves, alguien había instalado un equipo de gran potencia que reproducía uno por uno los temas más míticos de los Chichos. Aquello fue la nota de humor que me ayudó a mantenerme frío y firme en mi propósito. Resulta curioso cómo estando fuera de casa valoras cosas que aquí incluso resultarían desagradables.

Poco después de pasar el 30, mi compatriota va perdiendo fuelle y termina por quedarse atrás. Yo sigo con mi ritmo esperando encontrarme con el muro de un momento a otro, pero aunque sí es cierto que se me había acelerado sensiblemente el pulso, no lo encontré por ninguna parte.

Llevaba toda la carrera con la sensación de que se me olvidaba algo, y llegando al 35 recordé que unos días antes me habían diagnosticado una fascitis plantar en el pie derecho. Por fortuna hasta ese momento no se había hecho notar y, aunque a partir de entonces empezó a resultar molesto, el dolor no llegó a hacer acto de presencia. Ingiero el tercero de los geles y me adentro de nuevo en la zona centro de la ciudad por la que transcurren los últimos kilómetros. Pasado el 41 sólo queda un giro a la derecha para enfilar la recta de salida en sentido inverso. Ya diviso el arco a lo lejos y es entonces cuando pongo el Garmin en modo crono y soy consciente del ritmo al que voy y el tiempo que llevo. Justo a la altura del poste del km 42 se gira a la izquierda para entrar en el Festhalle donde al final de una alfombra roja y envuelta entre varios cañones de luz se halla la tan ansiada meta, que cruzo en 3:10:45; por lo que la segunda mitad ha sido sólo dos minutos más lenta que la primera. Son cinco minutos menos que la marca que había ido a buscar, lo que supone que estaba en mejor estado de forma del que creía, y 14 menos que el tiempo del año pasado en Valencia.

Quisiera subrayar que en toda esta historia no hay épica ninguna, no hay riesgo, ni sufrimiento ni romanticismo rancio. Detrás de esta historia lo único que hay es un trabajo firme y constante que empezó el 6 de junio. Hay 21 semanas de entrenamiento seguido a rajatabla, una alimentación cuidada, varios test para evaluar los ritmos y una visita al fisio. Todo lo que rodea esta historia ha sido minuciosamente planificado con anterioridad para evitar sustos. Una vez más, insisto en la necesidad de una correcta y adecuada preparación antes de embarcarse en semejante empresa.

Me gustaría dedicar este pequeño triunfo a mi pequeño club de fans, compuesto por mi abuelo, mi hermano y mi padre; a mis compañeros, que me siguieron on line desde Madrid; a Pino por continuar un año más dirigiendo mis entrenamientos y, como no, a mi sevillana por acompañarme en casi todos los jardines en los que me meto.

Os dejo también un pequeño video resumen de la experiencia, esperando que os guste.

¡Hasta la próxima!

https://www.youtube.com/watch?v=vUmSvC1qu6k

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