MARATÓN DE SEVILLA. 25 FEB 2018

Os pasamos la crónica y fotos-vídeo de la participación de nuestro corredor MARIO en la Maratón de Sevilla, el pasado domingo 25 de febrero de 2018:

Faltaban escasas semanas para que concluyese uno de los años más asépticos y anodinos que recuerdo cuando, a finales de noviembre de 2017, recibo un mensaje de la persona encargada de coordinar la labor de las liebres en el Maratón de Sevilla preguntando si, para la edición 2018 tendría algún inconveniente en pasar de llevar el globo de 4h 15´a llevar el de 3h 45´.

Ansioso como estaba por algún cambio, contesté que sí sin llegar siquiera a calcular que esto suponía rodar cuarenta segundos por kilómetro más rápido y en un momento en el que no me sentía, ni de lejos, en mi pico de forma. Pero como decía Cantoná (o al menos, yo se lo escuché a él) “aquel que prevea todos los peligros nunca surcará los mares”.

Con cierta preocupación por si Iberia había perdido mi maleta y, con ella, mis zapatillas, el viernes 23 aterricé en Sevilla a la hora programada, con el tiempo justo para hacer una rápida excursión al Mercadona para comprar algunos artículos infantiles destinados a la Operación Potito y poner rumbo al Foster´s Hollywood de Luis de Morales para completar la carga de hidratos… o de lo que sea.

El 24 por la mañana fui a por el dorsal, cuya entrega fue particularmente ágil. Aproveché para escuchar los consejos de Paula González, Asier Cuevas y Jesús España; saludar a Abel Antón y, de forma repentina, desvirtualizar a Dani Quintero, quien resultó ser aún más agradable en persona que por Twitter.

A las 7:30 del domingo llego a la salida, instalada como otros años en la avenida Carlos III. Una de las ventajas de ser liebre es que se nos permite hacer uso de la carpa élite, así como de su servicio de guardarropa, por lo que pude ahorrarme el paseo hasta el estadio para dejar la mochila. Tras un rápido calentamiento procedí a recoger el globo e identificar a mis compañeros de ritmo, con quienes aproveché a hacer una pequeña puesta en común de los criterios a seguir.

Finalmente acordamos diluir la pérdida de tiempo de la salida y el margen de error del GPS en la totalidad del recorrido para evitar tirones o cambios de ritmo que pudieran perjudicar al grupo, para lo cual habría que mantener un ritmo estable entre 5´12´´ y 5´15´´ por kilómetro.

En torno a las 8:30 suena el disparo de salida y nos ponemos en marcha. La primera dificultad que nos encontramos es que, a diferencia de ocasiones anteriores, no hay reloj en el arco de salida, por lo que no sabemos exactamente qué retraso llevamos con respecto al tiempo oficial; así que no nos queda otra que fiarnos del instinto y andar muy pendientes de los tiempos de paso por si hubiera que corregir alguna desviación importante.

Se ha formado un buen grupo alrededor de corredores decididos a parar el crono antes de alcanzar las 3h 45´. Todo son sonrisas, palabras de ánimo y alguna que otra plegaria a divinidades diversas. Vamos recorriendo los primeros kilómetros junto al Guadalquivir con el entusiasmo del que sabe que, independientemente de lo que ocurra, ese será un gran día.

Abandonamos el río para dirigirnos al kilómetro diez, que ha de ser nuestra primera referencia para estimar si vamos llevando un ritmo adecuado, pero aunque aquí sí hay reloj, éste no funciona o ha experimentado algún tipo de viaje en el tiempo, pues marca apenas un segundo de carrera. Decidimos mantener el mismo ritmo, pues vemos además que la gente va cómoda y hasta el momento no ha habido queja alguna.

A la altura del kilómetro 12 el cordel que me une al globo decide un año más romperse y éste inicia una ascensión tan rápida que hace imposible recuperarlo, aunque el hecho de llevar un dorsal a la espalda indicando el tiempo y un pañuelo morado en la cabeza (sí, también los hacen de mi talla) hacen que sea fácilmente identificable. Hemos tenido un par de bajas en el grupo, pero sigue reinando el optimismo entre los que permanecen con nosotros. Hago uso del primero de los tres geles que tengo programado consumir durante el recorrido, pero parece que a mi estómago no termina de parecerle buena idea.

Poco después entramos en la avenida Kansas City, para mí la parte más soporífera de la carrera, aunque me queda el consuelo de que al abandonarla, y tras solamente cuatro giros, se encuentra el paso por el medio maratón. Ahora sí, el reloj de carrera funciona y marca 1:53:20. Llevamos apenas 50 segundos de retraso y todavía tenemos otros 21 kilómetros para seguir recuperando. Los cálculos habían sido correctos.

Pasamos por delante del Sánchez Pizjuan y nos dirigimos al kilómetro 30. El grupo se va haciendo más pequeño debido a que algunos corredores empiezan a desinflarse y se ven obligados a bajar el ritmo o incluso a abandonar. El Paseo de la Palmera, entre el Benito Villamarín y el Parque de María Luisa empieza a parecer ya zona de guerra, con gente estirando en los bordillos, gente caminando y alguno que está siendo asistido por los sanitarios.

Inmediatamente antes de entrar al parque empiezo a acusar las primeras molestias consecuencia de haber prescindido del segundo y el tercer gel. Las piernas se están vaciando y eso ya no tiene arreglo, haga lo que haga así se van a quedar. Mi compañero de ritmo se percata de que no voy bien y empieza a tirar de mí.

Voy aguantando con dignidad y me sorprende el hecho de que este año, la plaza de España se recorre en sentido horario, llega a haber incluso un momento en el que no sé muy bien dónde estoy, pero al ver la Universidad me reubico rápidamente. Tengo la sensación de que he bajado el ritmo y de que no estoy cumpliendo con las expectativas, pero al pasar por el kilómetro 37 compruebo que, según el Garmin, este último kilómetro ha salido exactamente igual que todos los anteriores, lo que me tranquiliza bastante. No me importa demasiado el dolor de piernas, pero me resultaría muy frustrante no cumplir mi cometido.

El trayecto entre la Giralda y el puente de la Barqueta es, sencillamente, espectacular. Si es verdad que el paso es más estrecho y que eso complica en ocasiones los adelantamientos, pero el ambiente es indescriptible. Al final del puente, el stand de Physiorelax con Ángel Sánchez al micrófono y la señal del kilómetro 40; quedan dos, y ciento noventa y cinco metros, unos once minutos y medio para que todo termine.

Kilómetro 41, se divisa el estadio y vuelve a apreciarse concentración de público. Puede que pretender comparar, como hacen algunos, el túnel de entrada al recinto y el túnel del circuito de Mónaco sea una exageración; pero la sensación es apabullante, casi tanto como la pena que da ver el estado de conservación de la pista, que alguna vez albergó un mundial de atletismo con sus Giraldillas abertzales y todo, y por la que hay que recorrer unos 250 metros antes de cruzar el ansiado arco de meta.

Finalmente paro el crono en 3:45:31 (oficial) son 32 segundos fuera de tiempo para lo que estaba estipulado, pero como el globo había tomado otros derroteros hacía ya 30 kilómetros no se apreció el error en el video de meta. Y el neto fue de 3:42:41, por lo que aquellos que entraron conmigo, alcanzaron sobradamente su objetivo.

Me gustaría agradecer a la organización que, un año más, hayan confiado en mí para esta tarea tan complicada como gratificante; a Lili, el apoyo logístico y moral; a Pino,  permitirme meter un 42k en mitad de la preparación para una media; a Ana, no dejar que me desanime en un momento en el que los números no estaban saliendo; a Juancar y Sergio el gran trabajo que están haciendo conmigo en el gimnasio; y a Marta, Vanesa, Mayte y mis queridos aliens, hacerme sentir que, de algún modo, algo tan absurdo como ir corriendo del punto A al punto B y así sucesivamente, tiene algún sentido.

42 MARATÓN DE AMSTERDAM. 15 OCT 2017

Os pasamos la crónica, fotos y vídeo de la participación de nuestro socio MARIO en Maratón de AMSTERDAN:   

VÍDEO:   

Cuando en octubre de 2016 le pegué un bocado de 14 minutos a mi marca anterior de maratón dejándola en 3h 10’45”, decidí que todo invitaba a atacar la barrera de las tres horas en 2017; así que me puse a buscar un maratón de otoño y en esta ocasión me decanté por Amsterdam, pues reunía las condiciones que buscaba: era en octubre, en un país frío y con un recorrido más o menos fácil.

Durante los cinco primeros meses de 2017 vine realizando unos entrenamientos más dirigidos al mantenimiento que a la progresión, pues no es conveniente estar a tope todo el año; pero siempre con la mirada puesta en el 15 de octubre. La prueba de esfuerzo había arrojado resultados muy positivos y los tiempos de las primeras carreras del año habían sido sensiblemente mejores a las del anterior. Todo marchaba según el plan.

El 29 de mayo inicié la preparación específica del maratón, una vez superadas un par de decepciones que me había llevado en el medio maratón de Madrid y la carrera de las Edades del Hombre. El plan se mantenía, aunque la confianza, inevitablemente, ya no era la misma.

Caían las semanas y fui cumpliendo punto por punto las indicaciones del entrenador, que para eso las hace, y casi sin darme cuenta llegó octubre y con él, el final del entrenamiento. Los test hechos hasta el momento desaconsejaban buscar las tres horas y establecimos que la opción más sensata sería buscar un registro entre las 3h 04´y las 3h 09´según se comportase el corazón.

Dos días antes de la prueba, la organización de la carrera envió un correo advirtiendo de que se esperaban para ese fin de semana temperaturas anormalmente altas. Empezamos bien…

A las 5:30 del domingo 15 de octubre sonó el despertador. Durante el desayuno fui repasando mentalmente la estrategia, aunque ésta sólo constaba de un punto: mantener la frecuencia cardiaca entre 156 y 158 los 36 primeros kilómetros y a continuación permitir que se disparase.

8:30; llego al estadio olímpico, y a las 9:00 me dirijo a mi cajón. Inicio un suave calentamiento y pocos minutos después me doy cuenta de que, antes incluso de tomar la salida, ya estaba empezando a sudar. Aquello empezaba a parecerse demasiado al desastre de Vitoria en 2015.

9:30; pistoletazo de salida y a correr. En este momento no hay mucho que decidir, te lleva la marea y vas más pendiente de que no te derriben que de establecer un ritmo. La sana costumbre de respetar los cajones hace que este proceso sea relativamente limpio y se resuelva sin incidentes, sueño con que algún día hagamos lo mismo en España.

Los primeros kilómetros conectaban el estadio olímpico con el Vondelpark y atravesaban éste de forma longitudinal. Las sensaciones son buenas, aunque aún es pronto para hacer valoraciones certeras. Al menos no aprecio ningún tipo de molestia física ni digestiva. Según abandono el parque coloco el Garmin en modo “frecuencia cardíaca” y me centro en mantener el pulso dentro del intervalo previsto.

El globo de las tres horas ha desaparecido ya en el horizonte, como el talento de Robert Smith o mis esperanzas de hacer algo útil con mi vida; así que decido ponerme a la par de una corredora que llevaba exactamente el mismo ritmo que yo. Recorremos juntos el tramo entre el kilómetro cuatro y el nueve casi como si nos entendiéramos sin hablar, de una forma completamente armónica, pero llegando al kilómetro 10 se apartó del recorrido para hacer uso de uno de los lavabos portátiles dispuestos a lo largo del camino.

Como no me parecía demasiado elegante acompañarla y además la situación podía inducir a error, opto por ponerme a rebufo de un señor italiano que estaba unos metros adelantado pero a un ritmo casi idéntico.

El kilómetro trece rodeaba el parque de Martin Luther King para ir a parar a la margen derecha del Amstel (área con agua en neerlandés) río que atraviesa Amsterdam y ya de paso le da nombre a la ciudad. Aquí la humedad se hace notar aún más mientras la temperatura sigue subiendo y empiezo a acusar cierta sensación de deshidratación. Seis kilómetros más adelante, se cruza el río para volver por el lado contrario. Al paso por el kilómetro 20 la deshidratación ya no es una percepción, es un hecho. Me veo obligado a reajustar el ritmo para mantener las pulsaciones en su sitio y evitar riesgos innecesarios, que aún falta la otra mitad y no estoy de humor para protagonizar escenas dramáticas. Paso el medio maratón en torno a 1h 37´. El resto del camino junto al río se me hace bastante desagradable entre la sed, que no hay forma de saciar; la estrechez del camino que provoca roces accidentales con otros corredores y un fuerte olor a estiércol.

El tramo entre el kilómetro 25 y el 34, al igual que en Frankfurt, transcurre por las afueras de la ciudad, entre zonas industriales y grandes parques, lo que resulta bastante monótono pues además en esta parte hay bastante menos público; cosa que realmente tampoco me influye demasiado pues yo sigo concentrado en mi pulso cardíaco.

A partir del 35 se vuelve a entrar en la ciudad propiamente dicha y se percibe una levísima pendiente hacia abajo que mis piernas agradecen sobremanera. Tal y como estaba planeado, a partir de la señal del kilómetro 36 me dejo llevar y decido echar el resto. Paso por encima del Ámstel por última vez y me dirijo de nuevo al Vondelpark, que me parece extrañamente más largo en sentido de vuelta que en el de ida…

Consciente de la presencia de fotógrafos de la organización y de diversos medios, intento recorrer los últimos 1.500 metros de carrera con la mejor cara y de la forma más elegante posible. Finalmente accedo al estadio olímpico y tras media vuelta a la pista cruzo meta deteniendo el crono en 3:18:12.

Son siete minutos y medio más que el año anterior, y dieciocho minutos y trece segundos más que la marca que pretendía y que llevaba meses persiguiendo; pero es mucha mejor marca de la que hubiese hecho si me hubiese obcecado en perseguir las tres horas, puesto que dadas las circunstancias hubiese reventado antes del kilómetro quince.

Se habla mucho de la motivación y de la preparación psicológica necesaria para seguir adelante cuando todo parece estar en contra. Se habla mucho de la persecución de objetivos a cualquier precio… Pero no se habla tanto, y quizá debiera hablarse, de la fortaleza mental necesaria para renunciar al que ha sido tu principal, o incluso único objetivo durante un año cuando llegas a ser consciente de que buscarlo puede suponer poner tu salud o incluso tu vida en grave riesgo. Un atleta debe conocer su propio cuerpo y debe ser capaz de anticipar cómo se comportará este ante factores externos adversos. Así mismo ha de comprender que renunciar a un objetivo de tiempo para adaptarse a las circunstancias no supone en ningún modo tirar por tierra el trabajo de la temporada ni supone un fracaso, sino una oportunidad para volver a empezar, un poco más experimentado y un poco más sabio; que, como dice la canción, “no es un paso atrás, es un paso más”. Me gustaría pensar que, con diez maratones en mis piernas, algo empiezo a saber de esto y desde luego tengo la firme intención de volver a ponerme en marcha en cuanto me den permiso.

Me gustaría dedicar esta carrera a Nacho, Lucía, Mateo, Alejandro y Diego; futuro reemplazo de atletas. A Marta, pues aún sin saberlo constituye un importantísimo apoyo. A mis padres, hermanos, abuelo y sobrina; fans incondicionales. A Lili, compañera infatigable, contigo empezó todo. A mis aliens, hooligans en la distancia. A Pino, artífice de todo esto. A Mayte, coach H24. A Elsa, donde quiera que estés, porque el recuerdo de tu sonrisa me da la fuerza necesaria para recomponerme y dar  el siguiente paso.

 

ZURICH MARATÓN SEVILLA 2017. 19 FEBRERO

Tenemos la crónica de la participación de MARIO en ZURICH MARATÓN SEVILLA 2017:

CRÓNICA DE MI PARTICIPACIÓN EN EL MARATÓN DE SEVILLA 2017

 

Es bastante habitual que a un corredor le pregunten qué beneficio obtiene corriendo si seguramente nunca gane nada y también es bastante habitual que el que formula la pregunta se sorprenda de que participar en carreras cueste dinero.

De la misma manera, también es frecuente que los corredores nos pregunten a las liebres qué obtenemos a cambio e igualmente se sorprendan de que no sólo no somos recompensados económicamente, sino que algunos incluso pagamos gustosos una inscripción, un billete de avión o una habitación de hotel para llevar a cabo nuestra labor.

La recompensa que recibimos, o al menos la que recibo resulta mucho más valiosa que una contraprestación material, pues en primer lugar supone un motivo de orgullo el que la organización deposite en ti la confianza necesaria como para atribuirte la responsabilidad de guiar a los corredores hacia su objetivo; también he de decir que yo, cuando voy a ritmos demasiado altos, pierdo la visión periférica, por lo que a menudo ni sé por dónde voy ni soy capaz de recordarlo al día siguiente, en cambio el hecho de ir a un ritmo “fácil” me permite disfrutar del recorrido en todo su esplendor, lo cual en Sevilla es muy de agradecer; y por último cabe destacar la importante lección de vida que recibes cuando compartes cuarenta y dos kilómetros con personas que, aunque de entrada tengan un nivel deportivo por debajo del tuyo, entrenan, se sacrifican y sufren igual que tú. Sus marcas son distintas, pero ponen la misma ilusión y la misma pasión en lo que están haciendo que pongo yo a la hora de preparar mis competiciones. Es bastante común en corredores populares menospreciar el trabajo de la gente que va por detrás en carrera cuando, en mi opinión, deberíamos valorarlo más aún que el nuestro.

Por estos motivos decidí repetir la experiencia del año pasado y volví a pedir globo para la edición 2017. Volví a hacer el medio maratón de Getafe para evaluar, como cada año, el estado de forma y bajé seis minutos la marca de 2016. Todo en orden.

El día amaneció frío y oscuro, Aemet llevaba toda la semana pronosticando lluvia y viento y parecía que la amenaza iba a cumplirse. A las 7:30 de la mañana llegué a la salida ubicada en los alrededores del estadio de la Cartuja, me identifiqué como liebre, recogí mi globo (dejé la mochila en la carpa élite, todo sea dicho) saludé a Martín Fiz y Paula González Berodia y, con el cordel del globo en una mano y mi versión china de Go Pro en la otra, me dirigí al cajón de +4 horas, al que, en un primer momento, el voluntario no quería dejarme acceder pues el color de mi dorsal correspondía al cajón sub 3:15. Bastaron tres minutos y varias decenas de explicaciones para que comprendiera que debía entrar por ahí y el incidente quedó resuelto.

A las 8:30 sonó el disparo de salida y puse en marcha el cronómetro que llevaba en la muñeca derecha y que iba a utilizar para medir el tiempo oficial. En torno a las 8:34 paso por el arco de salida y pongo en marcha el Garmin, que llevaba en la izquierda para controlar el ritmo de carrera. La idea era sencilla, había hecho cuentas para compensar los cerca de cinco minutos que se pierden en salida y el margen de error del gps y había concluido que si me mantenía a 5:55 (según gps) llegaría a meta a tiempo sin necesidad de pegar ni un solo acelerón que pudiera afectar a mi grupo de corredores.

La salida fue bastante fluida y poco después de pasar la señal del primer kilómetro ya íbamos a ritmo. Al pasar por el km 2 giré la cabeza y pude comprobar que se había formado un buen grupo de gente a mi estela. Las caras mostraban una mezcla de ilusión y nerviosismo que me hizo recordar la primera vez que me enfrenté a la distancia.

La lluvia aún no había aparecido, pero el fuerte viento hacía que el globo fuera pegando tirones hacia los lados y hacia atrás. Mientras atravesábamos Triana empezaba a preocuparme que, al igual que en 2016, el cordel terminara por romperse.

Cruzamos por primera vez el Guadalquivir y giramos a la izquierda para pasar junto a la Torre del Oro y la Maestranza. En este punto empieza a haber muy buen ambiente de público y además, el cielo empieza a despejarse.

Poco después nos encontramos con la única cuesta de todo el recorrido, pues hay que pasar por debajo de un túnel para enfilar la recta que conduce al kilómetro 10. El grupo todavía es compacto y los corredores tienen buena cara, pero no veo a la otra liebre, que ha debido quedarse atrás.

A partir de este punto entramos en una parte en la que, a excepción de La Macarena, no tiene especial interés, pero de alguna forma es inevitable que si pretendes hacer un recorrido de 42 kilómetros en un sola vuelta, haya tramos aburridos. El paso por el medio maratón rompe momentáneamente la monotonía de la marcha y se percibe una mezcla de alegría y alivio entre la gente que viene a mi alrededor. Es entonces cuando la otra liebre de 4:15 me da alcance y nos presentamos formalmente.

El hecho de ir a la par me facilita poder hacer una pequeña parada técnica, pues ya llevo algo más de dos horas corriendo y han pasado casi cuatro desde que salí del hotel. Van cayendo los kilómetros por la parte más aburrida del recorrido y hacia el kilómetro 30 veo que vuelvo a distanciarme del compañero.

A estas alturas ha habido ya unas cuantas bajas en el grupo. Hay que tener en cuenta que 4:15 es un objetivo de debutante o de personas que vuelven de un periodo de inactividad, por lo que el índice de abandonos es significativo. Empieza a acusarse ligeramente el calor y estamos ya a unos pocos cientos de metros de mi parte favorita del recorrido.

Atravieso el parque de María Luisa acompañado por otro corredor de Boadilla e inmediatamente a continuación entramos en la Plaza de España, que está atestada un público totalmente volcado con los corredores y que estará presente hasta casi el final de la prueba.

Los kilómetros siguientes unen la Plaza con el Ayuntamiento y éste con el Estadio. El paso se estrecha y empiezan a verse cada vez más víctimas del muro, o del hombre del mazo (en función de la nacionalidad del lector). Cruzamos nuevamente el Guadalquivir para alcanzar el kilómetro 40 y ya sólo me siguen seis corredores de los más de veinte que formaban parte de mi grupo.

El Estadio de la Cartuja luce especialmente hermoso cuando lo divisas a lo lejos después de casi cuarenta y un kilómetros corriendo. Casi sin darnos cuenta, llegamos al túnel de acceso que comunica el exterior con la malograda pista que algún día albergó un mundial de atletismo. Al final de la contrarrecta se encuentra el ansiado indicador del kilómetro 42; decido coger la curva por fuera para tener un buen plano de los corredores que van llegando y me dispongo a enfrentar la meta, que atravieso en 4:14:47, tiempo oficial. Misión cumplida.

Mientras recojo la medalla y la mochila observo que algunos de los corredores a los que había perdido cruzan meta y me invade una sensación de alivio. Puede que no hayan conseguido su objetivo, pero no ha habido heridos y sus caras muestran una gran satisfacción. Esto es lo que, al menos desde mi punto de vista, hace que mi labor tenga sentido. Me despido del grupo deseándoles lo mejor y le regalo el globo a uno de los integrantes, que me lo había pedido para su hijo. Espero volver a verlos a todos, y a quien quiera unirse, en la edición 2018.

 

https://www.youtube.com/watch?v=2L2wAtpImKU

 

 

MARATÓN DE FRANKFURT

Os dejamos la crónica de la participación de MARIO  en la Maratón de Frankfurt. Al final de la misma os dejamos también un enlace para ver el vídeo resumen.

 

20x30-fffo532020x30-fffk5237CRÓNICA DE MI PARTICIPACIÓN EN EL 35º MARATÓN DE FRANKFURT

 

Hace poco menos de un año me quedé fuera del sorteo de dorsales para el maratón de Berlín. Durante los días siguientes estuve valorando la posibilidad de pagar un dorsal solidario o, incluso, un paquete turístico con el fin de poder participar. Fue entonces cuando Paco G me sugirió la posibilidad de correr en Frankfurt, pues se desarrollaba en fechas próximas y, al tener menor demanda de participantes, no solía haber problemas con las inscripciones.

Finalmente así lo hice. Una tarde de diciembre me inscribí, reservé hotel y busqué un vuelo; pero aún faltaban diez meses, por lo que no tenía sentido ponerse a entrenar al día siguiente. Con la intención de, por una vez en la vida, hacer las cosas de forma ordenada, establecí dos objetivos intermedios: el medio maratón de Madrid y su homólogo donostiarra.

Tras superar ambas pruebas con mayor éxito del pretendido, a principios de junio inicié la preparación específica para el maratón. Tenía por delante 21 semanas, la mayor parte de ellas en periodo estival, y un número incierto de kilómetros por recorrer, que finalmente resultaron sumar 1.580.

Con todos los deberes hechos, el día 29 Pilar y yo pusimos rumbo a Frankfurt. Después de un breve paso por el hotel, nos dirigimos al Festhalle, donde se hallaba ubicada la feria del corredor. Recogimos el dorsal, el chip y la pulsera de tiempos y aprovechamos para comer en la pasta party.

El hecho de que la noche del 29 al 30 se procediera al cambio de hora nos permitió dormir algo más y desayunar más relajadamente que en anteriores ocasiones. Al igual que hice en Valencia el año pasado, para evitar sorpresas desagradables, desayuné exactamente lo mismo que desayuno a diario e inmediatamente después nos pusimos en camino.

Dejar la bolsa en el guardarropa fue una operación inusualmente ágil, pero supuso que perdiese a Pilar y ya no la encontrase. A falta de 30 minutos decidí abandonar la búsqueda y dirigirme a mi cajón.

A las 10:00 sonó el disparo de salida y la gente se puso en marcha. Según mi plan, debía mantenerme en un ritmo estable de 4´35´´/km hasta el kilómetro 36 para entrar en meta entre 3:13 y 3:15. El primer inconveniente que encontré fue que la gran cantidad de inhibidores instalados en el barrio financiero volvían loco al Garmin, por lo que no resultaba una referencia fiable. Por otro lado, el astigmatismo no me permitía ver bien los números de la pulsera de tiempos. Ante esta situación, opté por guiarme única y exclusivamente por la frecuencia cardíaca. Pino me había dicho dos días antes que, en base a los test que habíamos realizado previamente, debía mantenerme en 158 pulsaciones hasta el kilómetro 30, y eso me propuse.

Durante los cuatro primeros kilómetros me encontré bastante tráfico, especialmente a la hora de adelantar al globo de 3:30 y al de 3:15. Esto me supuso un ligero incremento de la frecuencia cardíaca, pero que inmediatamente volvió a su ser. Inmediatamente después del primer avituallamiento se deshizo el tapón y, de ahí en adelante pude seguir un ritmo constante.

Fue al llegar al kilómetro 9 cuando me llevé la primera sorpresa. A mí me habían vendido el recorrido como algo totalmente plano y aquello picaba hacia arriba; terminando además en curva, de manera que no era posible anticipar si la cuesta medía 60 metros o 600. Resultó ser  relativamente corta y además, seguida de una suave y larga bajada que permitía recuperar fácilmente. Como ésta, me encontré dos o tres más a lo largo del recorrido.

Llegando al final del kilómetro 14 y coincidiendo con una señal que anunciaba un avituallamiento a doscientos metros voy abriendo el primero de los tres geles, previamente testados en el maratón de Sevilla, que consumo sin dificultad combinado con un poco de agua. Hasta aquí todo va bien, todo va rodado. Mi única preocupación es la posibilidad de ir quizá a un ritmo demasiado alto y que me acabe pasando factura.

Paso el medio maratón en 1:34:14. Dos minutos por debajo de lo que había planeado originalmente, pero me encuentro fresco y ligero. Es en este momento, atravesando las calles de un pequeño barrio periférico, cuando doy alcance a un corredor que llevaba la camiseta de la Federación Española de Atletismo. Nos saludamos y decidimos correr a la par unos kilómetros.

Justo a continuación la carrera transcurre junto a un polígono industrial donde, en una de las naves, alguien había instalado un equipo de gran potencia que reproducía uno por uno los temas más míticos de los Chichos. Aquello fue la nota de humor que me ayudó a mantenerme frío y firme en mi propósito. Resulta curioso cómo estando fuera de casa valoras cosas que aquí incluso resultarían desagradables.

Poco después de pasar el 30, mi compatriota va perdiendo fuelle y termina por quedarse atrás. Yo sigo con mi ritmo esperando encontrarme con el muro de un momento a otro, pero aunque sí es cierto que se me había acelerado sensiblemente el pulso, no lo encontré por ninguna parte.

Llevaba toda la carrera con la sensación de que se me olvidaba algo, y llegando al 35 recordé que unos días antes me habían diagnosticado una fascitis plantar en el pie derecho. Por fortuna hasta ese momento no se había hecho notar y, aunque a partir de entonces empezó a resultar molesto, el dolor no llegó a hacer acto de presencia. Ingiero el tercero de los geles y me adentro de nuevo en la zona centro de la ciudad por la que transcurren los últimos kilómetros. Pasado el 41 sólo queda un giro a la derecha para enfilar la recta de salida en sentido inverso. Ya diviso el arco a lo lejos y es entonces cuando pongo el Garmin en modo crono y soy consciente del ritmo al que voy y el tiempo que llevo. Justo a la altura del poste del km 42 se gira a la izquierda para entrar en el Festhalle donde al final de una alfombra roja y envuelta entre varios cañones de luz se halla la tan ansiada meta, que cruzo en 3:10:45; por lo que la segunda mitad ha sido sólo dos minutos más lenta que la primera. Son cinco minutos menos que la marca que había ido a buscar, lo que supone que estaba en mejor estado de forma del que creía, y 14 menos que el tiempo del año pasado en Valencia.

Quisiera subrayar que en toda esta historia no hay épica ninguna, no hay riesgo, ni sufrimiento ni romanticismo rancio. Detrás de esta historia lo único que hay es un trabajo firme y constante que empezó el 6 de junio. Hay 21 semanas de entrenamiento seguido a rajatabla, una alimentación cuidada, varios test para evaluar los ritmos y una visita al fisio. Todo lo que rodea esta historia ha sido minuciosamente planificado con anterioridad para evitar sustos. Una vez más, insisto en la necesidad de una correcta y adecuada preparación antes de embarcarse en semejante empresa.

Me gustaría dedicar este pequeño triunfo a mi pequeño club de fans, compuesto por mi abuelo, mi hermano y mi padre; a mis compañeros, que me siguieron on line desde Madrid; a Pino por continuar un año más dirigiendo mis entrenamientos y, como no, a mi sevillana por acompañarme en casi todos los jardines en los que me meto.

Os dejo también un pequeño video resumen de la experiencia, esperando que os guste.

¡Hasta la próxima!

https://www.youtube.com/watch?v=vUmSvC1qu6k

MARATÓN DE SEVILLA. 21 DE FEBRERO DE 2016

Os dejamos la crónica de MARIO:

Allá por el mes de junio me inscribí a esta carrera no con intención de hacer una buena marca, pues el hecho de que se celebrase tres meses después de Valencia me dejaba sin tiempo suficiente para prepararla adecuadamente, sino con la intención de, al igual que en 2015, acompañar a Pilar para transmitirle ánimos y asegurarme de que todo saliera bien.
Empezado ya el mes de diciembre, ella, que llevaba un tiempo siendo bastante irregular con sus entrenamientos, finalmente decide que no va a participar. Puesto que está ya demasiado cerca en el calendario como para intentar competirla, me planteo la posibilidad de ayudar a Javi a bajar de cuatro horas; pero a los pocos días me dice que no ha terminado de recuperarse bien de una lesión que venía arrastrando desde el verano.
De pronto me veo con una inscripción y un billete de tren; pero sin objetivo alguno y sin demasiado interés por participar. Finalmente se me ocurre enviar un correo a la organización del maratón para ofrecerme como liebre y dos días después me informan de que me ha sido asignado el globo de 4:00, cambiando posteriormente a 4:15 por circunstancias de personal.
Ya tengo objetivo, pero de pronto empiezan a asaltarme las dudas de si estoy en condiciones para cumplir con mi cometido, de manera que hago una pausa en mi rutina de entrenamiento y me inscribo en el Medio Maratón de Getafe con la idea de comparar el resultado con el de 2015 para poder valorar así mi estado de forma. Bajo la marca del año pasado en 4 minutos, adiós dudas.
La mañana del sábado Pilar y yo recogemos a Antonio y a Leo para ir a por los dorsales y las respectivas bolsas. Nos hacemos las fotos de rigor (una incluso con el cocinero de Canal Sur, que también participaba) comemos en la pasta party y nos despedimos hasta el día siguiente.
A las 8:15 del domingo recojo el globo y el dorsal para la espalda que me identifica como liebre. Me dirijo al cajón y empiezo a hacer mis cálculos: Hay que llegar en 4:15 oficial, por lo que he de tener en cuenta la pérdida de tiempo de la salida, que la estimo en alrededor de 6 minutos y el margen de error del Garmin, que en maratones anteriores me había medido entre 500 y 600 metros de más. Después de sumar y dividir, concluyo que tengo que rodar a 5:55/km (según el gps) sin pegar tirones para no quemar a los que me siguen.
9:00 pistoletazo y esto se mueve, 9:06 paso por la alfombra de salida. Llevo en una muñeca el gps marcándome el neto y en la otra un cronómetro marcando el bruto. En el primer kilómetro se hace difícil coger el ritmo debido al gran número de participantes. A mediados del km dos me estabilizo en 5:55; sólo hay que seguir así cuatro horas más.
Para cuando quiero darme cuenta, he formado un grupo bastante grande que encabezan tres corredores riojanos, un italiano muy hablador al que yo no entendía una sola palabra, un sevillano que fue haciendo de guía turístico y unas chicas que debutaban en la distancia y que no dijeron de dónde eran.
Sugiero a mi grupo que procuren hacer uso de todos los avituallamientos, sin excepción, aunque en ese preciso instante no tengan sed. Durante los mismos, se van produciendo pequeñas fracturas del pelotón, que unos pocos metros después vuelve a reagruparse.
Pasamos el arco del kilómetro 10 en 1:04:22 (oficial), vamos recuperando. Pocos minutos después el cordel que me ata al globo se rompe y éste empieza un imparable ascenso, aunque como ya llevábamos un buen rato en formación, los corredores que vienen conmigo no tienen problema en localizarme e identificarme.
La altimetría del recorrido favorece que llevemos un ritmo firme y constante. El grupo se mantiene unido, aunque hacia el kilómetro 15 ya ha habido quien se ha descolgado por no ser capaz de seguirnos. Debido al cansancio acumulado, los corredores cada vez hablan menos, a excepción del sevillano, que sigue incombustible explicando detalles sobre su maravillosa ciudad.
Para cuando llegamos a la media (2:10:08) el grupo se ha reducido a la mitad, pero los que quedan conservan el ánimo inquebrantable y seguimos recortando segundos progresivamente para acercarnos al crono de carrera.
Pasamos el Benito Villamarín en 3:14:30, el sevillano que venía haciendo de guía empieza a flaquear y se despide de nosotros para aflojar un poco el ritmo. Unos cientos de metros después el temido hombre del mazo alcanza a la integrante femenina del grupo de riojanos, que también optan por aminorar la marcha para asegurar la entrada en meta. Para cuando llegamos al parque de María Luisa sólo quedamos un corredor de Alcalá de Guadaira y yo.
Avanzamos a paso firme por el parque y la plaza de España. Este corredor me comenta que lleva desde 2009 sin participar en un maratón y que nunca había corrido más de 35 km seguidos sin tener que parar a caminar. Pasado el km 38 se estrecha mucho el paso y hay que pegar pequeños acelerones para esquivar a la gente que ya se ha rendido y opta por ir andando. Esta situación desmoraliza a mi último corredor, que me comenta que está empezando a pensar en parar. Como al parecer no le duele nada y a mí no me apetece llegar solo a la meta después de 39 kilómetros opto por meterle un poco de presión, a ver si le levanto el ánimo.
Esta presión parece surtir efecto y llegamos al túnel del estadio sin detenernos en ningún momento. Cuando pisamos el tartán veo que sonríe y le sugiero sprintar los 250 metros que nos quedan para dale un poco de emoción al vídeo de llegada.
Cruzamos meta en 4:14:30, objetivo cumplido; nos despedimos y me quedo unos minutos esperando al otro globo de 4:15 que venía justo detrás. Veo llegar también al sevillano, a los logroñeses y a varios corredores que habían formado parte de mi grupo en uno u otro momento. Todos felices por su éxito, todos sonrientes y orgullosos.
Me gustaría terminar esta crónica felicitando a todos los que ese día alcanzaron su objetivo, y a todos los que lo intentaron, aunque algunos no llegaran a lograrlo; por supuesto agradecer a la organización la oportunidad que me brindó de ser liebre en una carrera de semejante calibre y enviar un afectuoso saludo a los corredores que vinieron en mi grupo haciendo de ésta una experiencia inolvidable. Espero resalidaseviIMG_4554(1) bajapetir la próxima edición y espero veros a todos.