42 MARATÓN DE AMSTERDAM. 15 OCT 2017

Os pasamos la crónica, fotos y vídeo de la participación de nuestro socio MARIO en Maratón de AMSTERDAN:   

VÍDEO:   

Cuando en octubre de 2016 le pegué un bocado de 14 minutos a mi marca anterior de maratón dejándola en 3h 10’45”, decidí que todo invitaba a atacar la barrera de las tres horas en 2017; así que me puse a buscar un maratón de otoño y en esta ocasión me decanté por Amsterdam, pues reunía las condiciones que buscaba: era en octubre, en un país frío y con un recorrido más o menos fácil.

Durante los cinco primeros meses de 2017 vine realizando unos entrenamientos más dirigidos al mantenimiento que a la progresión, pues no es conveniente estar a tope todo el año; pero siempre con la mirada puesta en el 15 de octubre. La prueba de esfuerzo había arrojado resultados muy positivos y los tiempos de las primeras carreras del año habían sido sensiblemente mejores a las del anterior. Todo marchaba según el plan.

El 29 de mayo inicié la preparación específica del maratón, una vez superadas un par de decepciones que me había llevado en el medio maratón de Madrid y la carrera de las Edades del Hombre. El plan se mantenía, aunque la confianza, inevitablemente, ya no era la misma.

Caían las semanas y fui cumpliendo punto por punto las indicaciones del entrenador, que para eso las hace, y casi sin darme cuenta llegó octubre y con él, el final del entrenamiento. Los test hechos hasta el momento desaconsejaban buscar las tres horas y establecimos que la opción más sensata sería buscar un registro entre las 3h 04´y las 3h 09´según se comportase el corazón.

Dos días antes de la prueba, la organización de la carrera envió un correo advirtiendo de que se esperaban para ese fin de semana temperaturas anormalmente altas. Empezamos bien…

A las 5:30 del domingo 15 de octubre sonó el despertador. Durante el desayuno fui repasando mentalmente la estrategia, aunque ésta sólo constaba de un punto: mantener la frecuencia cardiaca entre 156 y 158 los 36 primeros kilómetros y a continuación permitir que se disparase.

8:30; llego al estadio olímpico, y a las 9:00 me dirijo a mi cajón. Inicio un suave calentamiento y pocos minutos después me doy cuenta de que, antes incluso de tomar la salida, ya estaba empezando a sudar. Aquello empezaba a parecerse demasiado al desastre de Vitoria en 2015.

9:30; pistoletazo de salida y a correr. En este momento no hay mucho que decidir, te lleva la marea y vas más pendiente de que no te derriben que de establecer un ritmo. La sana costumbre de respetar los cajones hace que este proceso sea relativamente limpio y se resuelva sin incidentes, sueño con que algún día hagamos lo mismo en España.

Los primeros kilómetros conectaban el estadio olímpico con el Vondelpark y atravesaban éste de forma longitudinal. Las sensaciones son buenas, aunque aún es pronto para hacer valoraciones certeras. Al menos no aprecio ningún tipo de molestia física ni digestiva. Según abandono el parque coloco el Garmin en modo “frecuencia cardíaca” y me centro en mantener el pulso dentro del intervalo previsto.

El globo de las tres horas ha desaparecido ya en el horizonte, como el talento de Robert Smith o mis esperanzas de hacer algo útil con mi vida; así que decido ponerme a la par de una corredora que llevaba exactamente el mismo ritmo que yo. Recorremos juntos el tramo entre el kilómetro cuatro y el nueve casi como si nos entendiéramos sin hablar, de una forma completamente armónica, pero llegando al kilómetro 10 se apartó del recorrido para hacer uso de uno de los lavabos portátiles dispuestos a lo largo del camino.

Como no me parecía demasiado elegante acompañarla y además la situación podía inducir a error, opto por ponerme a rebufo de un señor italiano que estaba unos metros adelantado pero a un ritmo casi idéntico.

El kilómetro trece rodeaba el parque de Martin Luther King para ir a parar a la margen derecha del Amstel (área con agua en neerlandés) río que atraviesa Amsterdam y ya de paso le da nombre a la ciudad. Aquí la humedad se hace notar aún más mientras la temperatura sigue subiendo y empiezo a acusar cierta sensación de deshidratación. Seis kilómetros más adelante, se cruza el río para volver por el lado contrario. Al paso por el kilómetro 20 la deshidratación ya no es una percepción, es un hecho. Me veo obligado a reajustar el ritmo para mantener las pulsaciones en su sitio y evitar riesgos innecesarios, que aún falta la otra mitad y no estoy de humor para protagonizar escenas dramáticas. Paso el medio maratón en torno a 1h 37´. El resto del camino junto al río se me hace bastante desagradable entre la sed, que no hay forma de saciar; la estrechez del camino que provoca roces accidentales con otros corredores y un fuerte olor a estiércol.

El tramo entre el kilómetro 25 y el 34, al igual que en Frankfurt, transcurre por las afueras de la ciudad, entre zonas industriales y grandes parques, lo que resulta bastante monótono pues además en esta parte hay bastante menos público; cosa que realmente tampoco me influye demasiado pues yo sigo concentrado en mi pulso cardíaco.

A partir del 35 se vuelve a entrar en la ciudad propiamente dicha y se percibe una levísima pendiente hacia abajo que mis piernas agradecen sobremanera. Tal y como estaba planeado, a partir de la señal del kilómetro 36 me dejo llevar y decido echar el resto. Paso por encima del Ámstel por última vez y me dirijo de nuevo al Vondelpark, que me parece extrañamente más largo en sentido de vuelta que en el de ida…

Consciente de la presencia de fotógrafos de la organización y de diversos medios, intento recorrer los últimos 1.500 metros de carrera con la mejor cara y de la forma más elegante posible. Finalmente accedo al estadio olímpico y tras media vuelta a la pista cruzo meta deteniendo el crono en 3:18:12.

Son siete minutos y medio más que el año anterior, y dieciocho minutos y trece segundos más que la marca que pretendía y que llevaba meses persiguiendo; pero es mucha mejor marca de la que hubiese hecho si me hubiese obcecado en perseguir las tres horas, puesto que dadas las circunstancias hubiese reventado antes del kilómetro quince.

Se habla mucho de la motivación y de la preparación psicológica necesaria para seguir adelante cuando todo parece estar en contra. Se habla mucho de la persecución de objetivos a cualquier precio… Pero no se habla tanto, y quizá debiera hablarse, de la fortaleza mental necesaria para renunciar al que ha sido tu principal, o incluso único objetivo durante un año cuando llegas a ser consciente de que buscarlo puede suponer poner tu salud o incluso tu vida en grave riesgo. Un atleta debe conocer su propio cuerpo y debe ser capaz de anticipar cómo se comportará este ante factores externos adversos. Así mismo ha de comprender que renunciar a un objetivo de tiempo para adaptarse a las circunstancias no supone en ningún modo tirar por tierra el trabajo de la temporada ni supone un fracaso, sino una oportunidad para volver a empezar, un poco más experimentado y un poco más sabio; que, como dice la canción, “no es un paso atrás, es un paso más”. Me gustaría pensar que, con diez maratones en mis piernas, algo empiezo a saber de esto y desde luego tengo la firme intención de volver a ponerme en marcha en cuanto me den permiso.

Me gustaría dedicar esta carrera a Nacho, Lucía, Mateo, Alejandro y Diego; futuro reemplazo de atletas. A Marta, pues aún sin saberlo constituye un importantísimo apoyo. A mis padres, hermanos, abuelo y sobrina; fans incondicionales. A Lili, compañera infatigable, contigo empezó todo. A mis aliens, hooligans en la distancia. A Pino, artífice de todo esto. A Mayte, coach H24. A Elsa, donde quiera que estés, porque el recuerdo de tu sonrisa me da la fuerza necesaria para recomponerme y dar  el siguiente paso.

 

MEDIA MARATÓN DE SAN SEBASTIÁN. 22 MAY 2016

Aquí tenéis la crónica de la participación de nuestro corredor MARIO  en la MM de San Sebastián:

2016-05-22 08.43.36 baja IMG_9707 bajasalidaCRÓNICA DE MI PARTICIPACIÓN EN EL MEDIO MARATÓN DE SAN SEBASTIÁN
El Medio Maratón de Madrid de 2016 (o Madrid Half Marathon, como pretenden llamarlo  ahora para que suene más internacional) me dejó un sabor agridulce pues si bien es cierto que  bajé mi marca de la anterior edición en casi siete minutos, me quedé a 31 segundos de la  frontera de la hora y media.
Aprovechando que tenía previsto ir visitar a mi hermano a San Sebastián a lo largo del mes de  mayo, consulté con Pino la posibilidad de realizar un entrenamiento de seis semanas que me  permitiera  mantener  el  buen  estado  de  forma  que  había  alcanzado  con  la  preparación  anterior, puesto que en día 22 se celebraba el medio maratón de la capital guipuzcoana. A Pino  le pareció bien y nos pusimos a ello.
A las 6:50 del día de la carrera me asomé por la ventana del hotel, preocupado por el estado  del tiempo, pues la tarde anterior había llovido con fuerza después de haber superado los 30ºC  por la mañana. Ya no llovía y el cielo estaba relativamente despejado, por lo que opto por usar  la camiseta de tirantes y el calzón de atletismo. Desayuno ligerito en la cafetería del hotel y me  dirijo a la parada del autobús que habría de llevarme hasta la salida, entre el Kursaal y el  ayuntamiento; autobús que, todo sea dicho, era gratis para los participantes en la prueba.
Alrededor de las 8:40 llego a la zona de salida, dejo la mochila en el guardarropa, ubicado a  pocos metros, en los soportales de la plaza de Gipuzkoa, y me dispongo a calentar. Cuando  llevo  aproximadamente  cuarenta  y  cinco  segundos  calentando  estalla  una  tormenta  con  abundante lluvia y fuertes rachas de viento. Opto por resguardarme bajo una marquesina y  replantear la carrera. No es la primera vez que compito con lluvia, pero no contaba con un  viento tan fuerte; y no tengo nada claro que merezca la pena intentar conseguir una MMP en  esas condiciones.
En torno a las 9:50 empieza a amainar y me dirijo a la línea de salida. Como el resto de los  corredores  estaban  resguardándose  de  la  lluvia,  no  tengo  problema  para  colocarme  en  primera fila (nunca me había resultado tan fácil).
A las 10:00 dan la salida. Al ver que la gente que me rodeaba salía muy fuerte, decido tomar la  primera curva por el exterior para dejar paso a quien quisiera adelantarme y, a partir del  segundo giro, ya voy ganando mi sitio. En la confluencia de la calle Zubieta con el paseo de  Miraconcha el Garmin marca en primer kilómetro… 4:00… me he ido de ritmo. Aunque me  encuentro  cómodo,  la  experiencia  me  ha  enseñado  a  no  salirme  del  plan,  y  mi  plan  es  mantenerme entre 4:10 y 4:15. Suelto el acelerador y hacia el kilómetro 2, poco antes de llegar  a la playa de Ondarreta, me alcanza la liebre de 1:30. Decido probar a quedarme con él y  evaluar sensaciones.
Según vamos entrando en Antiguo empiezo a sentirme incómodo con la liebre, me da la  sensación de ir frenado y además el agonías que llevo detrás va tan pegado a mí que en un par  de ocasiones está a punto de provocarme una caída. Como Pino me había recalcado unos días  antes que no debía bajo ningún concepto adaptar mi ritmo al de la liebre, a la altura del km 5  decido  dejarle  atrás  y  seguir  en  solitario  (me  gustaría  aclarar  que  en  ningún  momento  pretendo cuestionar su labor, simplemente no me convenía seguirle).
El primer avituallamiento se encuentra en el kilómetro cinco, justo al final de un pequeño  repecho que termina en el túnel que pasa bajo el palacio de Miramar. No tengo sed, pero bebo  de todas formas para evitar riesgos innecesarios. Anoto mentalmente que debería aprender de  una vez a beber en marcha.
A continuación toca bajar Miraconcha hasta llegar a la calle San Martín, que llanea hasta la  orilla del río Urumea, donde se coge el paseo de los Fueros y la calle de la República Argentina,  para posteriormente cruzar el puente del Kursaal y seguir por la avenida Zurriola hasta la  avenida Navarra, lugar en el que toca hacer el segundo giro y volver hasta el ayuntamiento;  momento en el que confirmo que he hecho bien en seguir sin la liebre, pues me doy cuenta de  que le saco unos 200 metros. En el kilómetro 10 utilizo por fin el último de los geles que me  dieron el año pasado en Irlanda y que estaba a punto de caducar por falta de uso. Hasta aquí  todo va bien. Sigue lloviendo, pero el viento no es tan fuerte y me encuentro de maravilla.  Paso la primera mitad en 44:20, tal y como estaba planeado.
La estrategia para la segunda mitad de la carrera es bien sencilla: mantener el ritmo de la  primera, siempre que las condiciones lo permitan. Al volver a pasar por Miraconcha veo a mi  hermano; al que, haciendo un gran ejercicio de confianza, había prestado mi cámara para que  hiciera fotos de la carrera. Van cayendo los kilómetros y la fatiga no aparece. Para cuando  quiero darme cuenta he llegado al km 19, echo cuentas y lo tengo tan fácil como hacer los dos  kilómetros que faltan a 4:15 para llegar por debajo de 1:29. Recorro los últimos metros de  Zurriola mientras adelanto a algunos corredores que han pinchado y enfilo el Boulevard. Veo  que el crono de carrera marca 1:28:45 e inicio mentalmente una cuenta atrás desde 15  alargando la zancada a modo de sprint final con la inconfesable intención de salir bien en el  vídeo de meta.
Finalmente 1:28:54. Objetivo cumplido y además prácticamente doblando la primera parte.  Una vez más queda de manifiesto que un trabajo constante y estructurado junto con una  adecuada planificación de carrera consiguen mejor resultado que las épicas insensateces a las  que estaba habituado.
Para terminar, quisiera agradecer una vez más a Pino el gran trabajo que está haciendo  conmigo, agradecer a mi padre y hermana que me costearan el viaje y el alojamiento a modo  de regalo de cumpleaños, a mis amigos y compañeros sus continuos gestos de ánimo, a Pilar su  inagotable apoyo y a todo aquel que haya leído esta crónica por dedicarme unos minutos.

MARATÓN DE SEVILLA. 21 DE FEBRERO DE 2016

Os dejamos la crónica de MARIO:

Allá por el mes de junio me inscribí a esta carrera no con intención de hacer una buena marca, pues el hecho de que se celebrase tres meses después de Valencia me dejaba sin tiempo suficiente para prepararla adecuadamente, sino con la intención de, al igual que en 2015, acompañar a Pilar para transmitirle ánimos y asegurarme de que todo saliera bien.
Empezado ya el mes de diciembre, ella, que llevaba un tiempo siendo bastante irregular con sus entrenamientos, finalmente decide que no va a participar. Puesto que está ya demasiado cerca en el calendario como para intentar competirla, me planteo la posibilidad de ayudar a Javi a bajar de cuatro horas; pero a los pocos días me dice que no ha terminado de recuperarse bien de una lesión que venía arrastrando desde el verano.
De pronto me veo con una inscripción y un billete de tren; pero sin objetivo alguno y sin demasiado interés por participar. Finalmente se me ocurre enviar un correo a la organización del maratón para ofrecerme como liebre y dos días después me informan de que me ha sido asignado el globo de 4:00, cambiando posteriormente a 4:15 por circunstancias de personal.
Ya tengo objetivo, pero de pronto empiezan a asaltarme las dudas de si estoy en condiciones para cumplir con mi cometido, de manera que hago una pausa en mi rutina de entrenamiento y me inscribo en el Medio Maratón de Getafe con la idea de comparar el resultado con el de 2015 para poder valorar así mi estado de forma. Bajo la marca del año pasado en 4 minutos, adiós dudas.
La mañana del sábado Pilar y yo recogemos a Antonio y a Leo para ir a por los dorsales y las respectivas bolsas. Nos hacemos las fotos de rigor (una incluso con el cocinero de Canal Sur, que también participaba) comemos en la pasta party y nos despedimos hasta el día siguiente.
A las 8:15 del domingo recojo el globo y el dorsal para la espalda que me identifica como liebre. Me dirijo al cajón y empiezo a hacer mis cálculos: Hay que llegar en 4:15 oficial, por lo que he de tener en cuenta la pérdida de tiempo de la salida, que la estimo en alrededor de 6 minutos y el margen de error del Garmin, que en maratones anteriores me había medido entre 500 y 600 metros de más. Después de sumar y dividir, concluyo que tengo que rodar a 5:55/km (según el gps) sin pegar tirones para no quemar a los que me siguen.
9:00 pistoletazo y esto se mueve, 9:06 paso por la alfombra de salida. Llevo en una muñeca el gps marcándome el neto y en la otra un cronómetro marcando el bruto. En el primer kilómetro se hace difícil coger el ritmo debido al gran número de participantes. A mediados del km dos me estabilizo en 5:55; sólo hay que seguir así cuatro horas más.
Para cuando quiero darme cuenta, he formado un grupo bastante grande que encabezan tres corredores riojanos, un italiano muy hablador al que yo no entendía una sola palabra, un sevillano que fue haciendo de guía turístico y unas chicas que debutaban en la distancia y que no dijeron de dónde eran.
Sugiero a mi grupo que procuren hacer uso de todos los avituallamientos, sin excepción, aunque en ese preciso instante no tengan sed. Durante los mismos, se van produciendo pequeñas fracturas del pelotón, que unos pocos metros después vuelve a reagruparse.
Pasamos el arco del kilómetro 10 en 1:04:22 (oficial), vamos recuperando. Pocos minutos después el cordel que me ata al globo se rompe y éste empieza un imparable ascenso, aunque como ya llevábamos un buen rato en formación, los corredores que vienen conmigo no tienen problema en localizarme e identificarme.
La altimetría del recorrido favorece que llevemos un ritmo firme y constante. El grupo se mantiene unido, aunque hacia el kilómetro 15 ya ha habido quien se ha descolgado por no ser capaz de seguirnos. Debido al cansancio acumulado, los corredores cada vez hablan menos, a excepción del sevillano, que sigue incombustible explicando detalles sobre su maravillosa ciudad.
Para cuando llegamos a la media (2:10:08) el grupo se ha reducido a la mitad, pero los que quedan conservan el ánimo inquebrantable y seguimos recortando segundos progresivamente para acercarnos al crono de carrera.
Pasamos el Benito Villamarín en 3:14:30, el sevillano que venía haciendo de guía empieza a flaquear y se despide de nosotros para aflojar un poco el ritmo. Unos cientos de metros después el temido hombre del mazo alcanza a la integrante femenina del grupo de riojanos, que también optan por aminorar la marcha para asegurar la entrada en meta. Para cuando llegamos al parque de María Luisa sólo quedamos un corredor de Alcalá de Guadaira y yo.
Avanzamos a paso firme por el parque y la plaza de España. Este corredor me comenta que lleva desde 2009 sin participar en un maratón y que nunca había corrido más de 35 km seguidos sin tener que parar a caminar. Pasado el km 38 se estrecha mucho el paso y hay que pegar pequeños acelerones para esquivar a la gente que ya se ha rendido y opta por ir andando. Esta situación desmoraliza a mi último corredor, que me comenta que está empezando a pensar en parar. Como al parecer no le duele nada y a mí no me apetece llegar solo a la meta después de 39 kilómetros opto por meterle un poco de presión, a ver si le levanto el ánimo.
Esta presión parece surtir efecto y llegamos al túnel del estadio sin detenernos en ningún momento. Cuando pisamos el tartán veo que sonríe y le sugiero sprintar los 250 metros que nos quedan para dale un poco de emoción al vídeo de llegada.
Cruzamos meta en 4:14:30, objetivo cumplido; nos despedimos y me quedo unos minutos esperando al otro globo de 4:15 que venía justo detrás. Veo llegar también al sevillano, a los logroñeses y a varios corredores que habían formado parte de mi grupo en uno u otro momento. Todos felices por su éxito, todos sonrientes y orgullosos.
Me gustaría terminar esta crónica felicitando a todos los que ese día alcanzaron su objetivo, y a todos los que lo intentaron, aunque algunos no llegaran a lograrlo; por supuesto agradecer a la organización la oportunidad que me brindó de ser liebre en una carrera de semejante calibre y enviar un afectuoso saludo a los corredores que vinieron en mi grupo haciendo de ésta una experiencia inolvidable. Espero resalidaseviIMG_4554(1) bajapetir la próxima edición y espero veros a todos.

CRÓNICA MARATÓN DE VALENCIA 2015

web-VMMB2925

web-VMMM2353Crónica de MARIO:

Después de exactamente cinco meses de preparación finalmente llega el día de la carrera. A las 6:00 de la mañana suena el despertador y me voy preparando para bajar a la cafetería del hotel. A diferencia de otras veces, no me dejo llevar por la variedad del buffet y desayuno exactamente lo mismo que he venido desayunando desde hace 20 semanas como primera medida preventiva para evitar sorpresas.
Unos días antes había comentado con Pino la estrategia de carrera y habíamos visto tres posibles opciones en función de las condiciones específicas del día D: una “idónea”, una más conservadora y otra más arriesgada. Teniendo en cuenta que el día amenazaba con ser caluroso y que ya había pagado bastante caras en el pasado otras imprudencias, por una vez en la vida opto por el término medio.
Después de desayunar y de uniformarme convenientemente, Pilar y yo recorremos a pie los cerca de dos kilómetros que separan el hotel de la zona de salida, junto a la Ciudad de las Artes y las Ciencias, a donde llegamos cerca de las 8:00. Hacemos algunas fotos y finalmente nos dirigimos al cajón de salida. Acordamos un punto de encuentro y entro en el cajón para empezar a calentar.
A las 9:00 suena el pistoletazo y la primera hornada de corredores va progresivamente tomando la salida. Como ya es habitual, los primeros metros, resultan un tanto caóticos debido por una parte a la gran cantidad de corredores y, por otra, a que la gente sigue teniendo la maldita manía de colocarse en cajones que no les corresponden… (que tengo 1:55 en medio maratón… pues me coloco con mis amigos en el cajón de las 3:30 y el que venga detrás que arreé)
Tras recorrer los dos primeros kilómetros en modo canadiense, o lo que es lo mismo, apaleando focas, consigo finalmente alcanzar mi ritmo objetivo de carrera. Ahora la estrategia es bien sencilla: mantener ese ritmo hasta el final. No hay que ser ingeniero, ni siquiera hace falta pensar demasiado, sólo evitar irme de ritmo tanto por exceso como por defecto; aunque procuro ahorrar tres o cuatro segundos por kilómetro teniendo en cuenta que hacia el kilómetro 22 habrá que hacer una pequeña parada técnica y que el margen de error del Garmin puede resultar bastante significativo tras 42 km de recorrido.
Como los avituallamientos se veían desde lejos y además eran bastante largos, había tiempo suficiente para ir ganando alguno de los márgenes y poder coger agua sin tropezarte con nadie ni entorpecer a los corredores que vienen detrás. El powerade lo paso de largo, pues había leído hacía algunas semanas que dificultaba la asimilación de los geles energéticos.
Hay bastante ambientación musical entre las bandas que tocan a lo largo del recorrido, la megafonía y dos personajes con una Ford transit que iban con un equipo de música encaramado en el techo de la furgoneta. A parte, la presencia de público a lo largo de casi todo el recorrido supone un aliciente, excepto en algunos puntos donde llega a ser molesto debido a que estrechan demasiado el paso, hasta el punto de llegar a tapar la línea azul con la que estaba marcado el trazado.
En el kilómetro 15 abro el primero de los tres geles que tengo programados y que habían sido previamente testados el día del medio maratón de Fuenlabrada. Hasta ahora todo va bien. Voy fresco, respiro con facilidad y voy bien de piernas. Paso la media exactamente en el tiempo que tenía previsto.
Los kilómetros van cayendo y observo con satisfacción que voy consiguiendo mantener el ritmo constante. Casi sin darme cuenta (en el sentido más estricto del término) llego al temido km 30. Aquí es donde mucha gente se da contra el famoso “muro” y aquí es donde en el mes de mayo, en Vitoria, estuve cerca de salirme del recorrido; pero sorprendentemente voy de maravilla. No me duele nada, no acuso cansancio, lo único que me molesta es el calcetín del pie izquierdo, pero no me parece motivo suficiente para quejarme. Venía mentalizado para pasar las de Caín a partir de este punto y de pronto me encuentro con que o bien mi nivel de tolerancia al sufrimiento se ha incrementado sin avisarme o bien arrastro menos castigo del que debería. Empiezo ya a encontrarme con corredores que se han rendido y optado por seguir caminando.
En el kilómetro 39 otra vez vuelve a haber masificación de público hasta tal punto que resultaba difícil ver el avituallamiento del 40. Entre que el paso se estrecha y que los caminantes son cada vez más, resulta muy difícil avanzar posiciones. Normalmente, cuando pides paso te lo ceden, excepto aquellos que, como corren con auriculares aun estando prohibido, no te oyen y hay que “ayudarles” a que se aparten.
Entro en la Ciudad de las Artes y las Ciencias recogiendo cadáveres. Tras la primera recta hay un giro a derecha y luego otro a izquierda, entre medias impacto contra un guardia de seguridad que estaba parado en mitad del recorrido. En el convencimiento de que muy posiblemente le haya derribado, opto por no mirar atrás y seguir apretando. Enfilo la recta de meta: esa famosa llegada sobre el agua que queda tan espectacular en las fotos pero que, vista en primera persona no me pareció para tanto. Paro el crono en 3:25:03, la marca que había venido a hacer y la marca que finalmente hice. Como decía el inolvidable George Peppard en su papel de Hannibal Smith: me encanta que los planes salgan bien.
Aunque ya lo haga a diario, en días como este cabe aún más destacar el inagotable apoyo de Pilar, el asesoramiento técnico de Pino y el ánimo y buen humor que transmiten mis compañeros de entrenamiento. Gracias a todos 

Trail Nocturno Serradilla

Os dejamos la crónica de Jorge Rubio de su participación en el Trail Nocturno Serradilla 2015.

Para ser mi primera carrera nocturna, sin haber contado con tiempo para entrenar con frontal, y además con en el sóleo tocado, creo que no me fué nada mal.
 
No me fue nada mal porque a pesar  del dolor muscular y mis torpezas e inexperiencia en la oscuridad, conté con la ocasión de disfrutar de la magia de la noche más corta del año practicando un trail, de un recorrido a través de una naturaleza todavía casi salvaje, de una organización impecable, y de la espectacular animación de mis queridos paisanos de la tierra chica.
 Trail Nocturno Serradilla
Disfruté de un recorrido integro a través del tèrmino municipal de Serradilla y también espacio natural protegido perteneciente al Parque Nacional de Monfrague, un recorrido aproximado de 21 Km y 773 mts de desnivel, y en un tiempo de 2:38:02.
 
Tuve la ocasión además de comprobar el nivelazo y la categoría deportiva de los componentes de la selección extremeña de carreras de montaña, así como del resto de los participantes. 
 
Resaltar sobre todo la espléndida organización y preparación del evento, la calidad técnica y exigencia física del recorrido, la calidad y cantidad de los avituallamientos, la señalización de los recorridos, avisos de peligros, atención de los voluntarios, animación del público… Como nunca he visto. 
 
Carrera altamente recomendable.
 
Para el próximo año seguro que vuelvo…