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JOSU, LEYENDA (21.02.1974 – 19.05.2020) – por Félix

Otro día en la fuente, o en la valla o en la bandera. Una nueva cita para salir a preparar esa carrera, para mimar nuestra salud, para engañar a los años. El grupo comenta “lo mal que estoy hoy para correr”, “esa lesión que nunca termina de mejorar pero aquí estoy sin ceder un metro”, o “que necesitaba salir hoy para descargar esa sobrecarga más que muscular del trabajo”. Los kilómetros van cayendo, y nos cruzamos con gente pedaleando y a lo lejos vemos un corredor con una camiseta roja, bajito, moreno, que balancea acentuadamente su tronco al correr. Al instante el corazón nos da un vuelco viéndole correr. Queremos que sea él, siendo plenamente conocedores que es imposible. Solo es alguien que imita sus andares y nos enfrenta con la realidad. 

El pasado 10 de mayo, en medio de esta sin razón que nos ha tocado vivir, José Miguel López Segundo, Josu para todos, sufrió un paro cardiaco haciendo una de las cosas que más le gustaban, correr. Con tan solo 46 años, amplia experiencia en el running y el trail, y miles de kilómetros en las piernas, daba sus últimos pasos tras salir de nuestro querido monte y desplomarse en el Ferial de Boadilla. El 19 de mayo, nos abandonó, para continuar siendo LEYENDA.


Josu, con su eterna sonrisa, tras 85 Km en el Ultratrail Camí de Cavalls (Menorca, mayo 2019)

Es muy difícil escribir estas palabras y estar a la altura que se merece Josu. Es fácil enlazar adjetivos amables y estereotipados en un momento como éste y caer en la mayor de las injusticias. 

Es imposible para mí, tras cientos horas de carreras, refrigerios, cenas, paseos y fines de semanas viajando a un sinfín de retos, encontrar un día amargo con él. Siempre veía el lado amable y positivo de las cosas. Su biografía le hizo así. Y qué sana envidia nos contagiaba. Predispuesto a ayudar en cualquiera de las tareas del Club, del amigo, de nuestros amigos. Estaba en ese límite sano de la bondad. A ese nivel que un corredor raramente practica. No te dejaba solo en un entrenamiento o en una carrera. Te ayudaba, te jaleaba y te llevaba de la mano hasta la valla, hasta la meta haciéndote creer que “hoy los dos íbamos igual de cargados de piernas”. La grandeza y generosidad del humilde. Y ese no era su mejor regalo. 

En los últimos años se forjó a base de kilómetros y entrenamientos al alba fama de constante y tenaz. “Pues hoy he salido a las seis”, “Pues hoy han sido 35”. Y uno le escuchaba incrédulo y rezando para que lloviera a mares para poder descansar ese día. Corría solo hacía adelante, arriba o abajo, pero no daba un paso atrás en sus retos. Incluso cuando al empezar una de las carreras de montaña más recordada de nuestro grupo en Cebreros se le rompió el pantalón, y llegó tras 25 km y 1470 m de desnivel positivo, con el muslo en carne viva. Nos dolía más a nosotros que a él. Ya estaba pensando en la próxima carrera. 

No voy en estas líneas a detallar sus logros atléticos, sus marcas ni carreras. Me quedo con el simple hombre, vasco hasta la médula, generoso hasta hacerte sonrojar, tenaz hasta lo inhumano, y noble en cada uno de sus poros. Hay más anécdotas, que se podrían contar pero que quedan para el egoísta recuerdo de los que recibimos el regalo de su amistad. Saldrán con palabra cálida en el devenir de los kilómetros, “…te acuerdos cuando….” “….en esta carrera nos pasó….” y endulzarán estos amargos momentos. Le llevaremos a correr con nosotros y nos acompañará nuevamente al llegar a la meta, y espoleará un nuevo reto. 

Sí, era LEYENDA, es LEYENDA. A pocos hombres se les puede atribuir tan justamente. 

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